ESTÁS EN EL MERCADO

 No sé si a estas alturas ya te has percatado de que vives inmerso en un inmenso mercado. Desde que te levantas toda tu vida está llena de estímulos al consumismo y de etiquetas que tratan de dirigir tu vida. ¿Qué tú eres libre? Eso es lo que tú te crees. Si vas a una librería en busca de un libro indefectiblemente acabarás comprando uno de esos que lucen orgullosos en las mesas y estantes principales; si vas en busca de un disco acabarás por comprar uno de los más vendidos, o el disco de ese grupito que suena en la radio. Si hablamos de cine es más probable que veas una súper producción americana que aparte ponen en el 100% de los cines de tu ciudad, que no una película danesa que solo ponen en un vetusto cine de barrio lejos de tu casa y en versión original.

Y así podría seguir con cada cosa que haces, con cada cosa que compras y con cada cosa que eliges. Pero ahora quiero centrarme en una única cosa; en la pareja o mejor dicho; en las relaciones entre hombres y mujeres. Desde que naces te venden dos ideas esenciales. La primera es que para ser feliz has de casarte. La segunda idea esencial que te venden si eres hombre, es que las mujeres son un precioso tesoro que has de “conquistar” y al que has de encandilar. Para ti la mujer es un bien escaso. Por otro lado te venden una idea de belleza pre fabricada por las casas de moda y las marcas de cosméticos. Son las grandes firmas de moda las que han decidido que aquella mujer con más de una 40 debe ser tachada de gorda y son también la publicidad y la moda las que han decidido que el hombre ha de estar depilado y debe tener su “six pack” en perfecto estado de revista.

Aparte de esto; en esta época que nos está tocando vivir se ha dado una nueva vuelta de tuerca para terminar de enrarecer las cosas. Por una parte el sexo, que durante siglos se ha clandestinizado, ha pasado a ser elevado a los altares, preconizando el “tanto follas tanto vales”; por otro lado las relaciones hombre-mujer han cambiado tanto y tan deprisa que el hombre se encuentra absolutamente desubicado. Así las cosas no creo que te extrañe si te digo que esto es un mercado y que al amor le cuesta nacer en los mercados.

Si eres soltero y ya has cumplido más de treinta primaveras, veras como por una parte tanto tu familia como tus amigos emparejados te presionan de forma más o menos sutil para que te eches novia. En parte te hacen sentir un ciudadano de inferior valor. Por otra parte es probable que te encuentres harto de la misma cantinela en lo referente a tus relaciones con las mujeres. Sales a ligar, de vez en cuando ligas (mucho menos de lo que quisieras), y cuando lo haces es bastante frecuente que ella te acabe dejando por el de la moto o simplemente con alguna excusa barata. A lo mejor estás metido en una de esas páginas de inter net, donde ellos y ellas parecen ofertas inmobiliarias, luciendo sus mejores fotos y promociones. Con un poco de suerte, de vez en cuando tienes citas y muchas veces “visitas guiadas”; pero pronto te das cuenta de que ni ella ni tú sois capaces de dejar el eterno juego del “busque y compare”. Más que de seres humanos parece que estemos hablando de zapatos. Te pruebas unos, luego los otros y luego los otros. Todos parecemos estar participando en un incesante casting.

Para colmo todos buscamos con cierta ansiedad, porque esta sociedad nos presiona. Si a ti te presionan tus amigos y tus padres con aquello de “sienta la cabeza” imagínate a ellas, cuando sobre pasan los treinta. Como si de una pesada losa se tratase, sobre ellas recae un estigma innombrable si permanecen solteras por encima de los treinta y cinco. Como te he dicho antes estas en un mercado, donde oferta y demanda juegan entre sí. El producto con el que negocian ellas es el sexo; sobre todo porque a ti, como hombre te han convencido de que las mujeres no desean tanto sexo como el hombre y de que el sexo es algo escaso y difícil. El producto que a cambio se supone que tú ofreces es la estabilidad, el compromiso, la monogamia y el esperma.

Como todo juego las posiciones negociadoras van cambiando según la edad y la situación de cada uno. Así; un hombre de alto valor y que tenga sexo cuando y donde quiera tendrá un precio elevado y cada vez más mujeres querrán emparejarse con él y acostarse con él, mientras que un hombre que habite en la escasez será repudiado como si tuviese una suerte de padecimiento incurable. Una mujer joven y guapa tendrá un valor de salida tan, tan alto que solo se acostará con chicos guapos, fornidos y millonarios; mientras que cuando una mujer rebasa los 35 y sobre todo, cuando una mujer se acerca peligrosamente a la línea de los cuarenta, se irá bajando más y más el precio porque no acepta quedarse para vestir santos. En definitiva un mundo marcado por la vacuidad, el mercadeo, la ansiedad por emparejarse y la superficialidad. La pregunta que deberías hacerte es:


 ¿Qué hago yo ante esto?

Sin querer ser simplista creo yo que solo tienes dos opciones. O entrar de lleno en el juego, comprendiendo y desentrañando las normas y reglas e invirtiendo con sabiduría como si fueses un “trader” de bolsa; o bien “pasar del mercado”. Por supuesto ambas opciones tienen sus pros y sus contras. Entrar en pleno mercado puede ser algo muy divertido y excitante. Si de verdad llegas a dominar el juego, si consigues diseñarte un buen plan de marketing personal, si logras negociar con sabiduría tu precio, si dominas bien los tiempos de la seducción, en nuestros días puedes llegar a tener más sexo del  que humanamente puedes gestionar. Por el contrario puede que muchas veces salgas perdiendo. Salvo que seas Robocop, muchas veces te enamorarás y te dejarán plantado, o te serán infieles o te dirán que no. Como en todo juego a veces ganaras y a veces perderás y aparte te será muy difícil encontrar el amor verdadero.

Si optas por “pasar” del mercado, si optas por ser un hombre íntegro, que vive su vida con autonomía, sin dejarse influir por presiones externas, que se relaciona con las mujeres en términos de verdadera igualdad pero sin olvidar la polaridad; si optas por ser un hombre valiente, autónomo que cree en la abundancia, pasarás momentos de abstinencia, no te lo voy a negar, pero también aspirarás a un tipo de mujer distinto al que te encuentras habitualmente “en el mercado” y aparte tus opciones de encontrar relaciones de verdad, serán mayores.

Indudablemente este segundo camino es más duro. No está pavimentado en oro y brillantes y supone sobre todo aprender a crecer y a ocuparte de ti mismo. Supone aprender a quererte, por tanto aprender a poner límites a los demás aún cuando lleven falda y esta les haga un culito estupendo, supone creerte de verdad la igualdad hombre mujer; precisamente aceptando con amor la diferencia y viviendo con naturalidad tus relaciones con ellas; supone reconciliarte con tu masculinidad, supone poner al sexo en su justo lugar creer firmemente en la abundancia; es decir en que hay más mujeres atractivas con la que podrías acostarte o emparejarte de las que puedas conocer en toda tu vida, pero sobre todo supone tratar de llevar un vida íntegra y congruente. Esta segunda vía, aparte, no es cosa de un día, ni de un mes. No existen fórmulas mágicas, ni trucos, ni atajos, y aparte y lo que te sonará aún peor no es una vía que te garantice la felicidad eterna.

Indudablemente la otra vía si que funciona a base de trucos, si que admite atajaos y de hecho el que hace trampas suele tener muchas veces mejores resultados que el que “va de honrado”. Es una vía eso si que te garantiza que siempre vivirás con hambre, bajo la presión del mercado y sin saber nunca a ciencia cierta si quién está contigo lo está por amor o porque simplemente eres el mejor espécimen con el que ha podido quedarse. ¿Por qué opción optas? Elijas lo que elijas lo encontrarás explicado en “El Mercado”, optes por lo que optes la única pretensión de mi  libro es darte luz en tu camino para que elijas con el mayor grado de libertad posible.